Hablar de equidad de género en el sector de la construcción no puede seguir reducido al discurso del empresario, a un panel institucional o a una política interna bien redactada. Todo eso puede ser correcto, pero sigue siendo insuficiente. El problema aparece cuando la conversación termina allí. Si no se traduce en acceso real a formación técnica, oportunidades de ingreso, condiciones adecuadas de permanencia y posibilidades de crecimiento, entonces no estamos transformando el sector: apenas estamos mejorando su narrativa. Y en una industria con brechas históricas, confundir intención con cambio real ya no es aceptable.
La contradicción es evidente. En Ecuador, la construcción representa el 3,9 % del PIB y en el primer trimestre de 2025 concentró el 5,9 % de la población ocupada, lo que confirma que no estamos hablando de un sector marginal, sino de una actividad con peso económico y capacidad real de incidencia social. Sin embargo, sigue operando con lógicas excluyentes, estereotipos persistentes y brechas de estandarización que afectan tanto la calidad de la obra como la inclusión de nuevos perfiles profesionales. Es un sector relevante, pero todavía demasiado cerrado en su cultura y demasiado lento en su evolución.
En esa línea, me parece especialmente valioso el mensaje compartido recientemente por Boris Weber (que me compartió Paola Bermudez Roldan), al difundir un blog del Banco Mundial sobre mantenimiento vial rural en Ecuador. La idea central no fue simbólica ni decorativa: incorporar a mujeres en estas actividades mejora la infraestructura, genera oportunidades económicas y ayuda a cerrar brechas de género en zonas rurales. El punto de fondo es más potente todavía: cuando las mujeres participan en la gestión de cuadrillas, en la conservación de rutas y en tareas técnicas que históricamente se asumieron “masculinas”, no solo se amplía el acceso al empleo; también se redefine lo que el sector considera posible. (El artículo en cuestión https://blogs.worldbank.org/es/latinamerica/mujeres-que-abren-caminos--cerrar-la-brecha-de-genero-en-el-mant)
El propio blog del Banco Mundial es claro: el mantenimiento vial, la limpieza de drenajes y la reparación de baches siguen siendo ampliamente estereotipados como trabajos para hombres, aunque en provincias como Manabí, Tungurahua y Pichincha ya existen asociaciones que están creando espacios para que las mujeres lideren cuadrillas, gestionen recursos y mantengan abiertas rutas esenciales. Además, señala que las organizaciones con fuerte participación femenina muestran mayor cohesión interna, menor rotación y relaciones laborales más respetuosas. Ese punto es clave, porque desmonta una idea equivocada: la equidad no debilita la operación; bien implementada, la fortalece.
El reto, entonces, no es solo abrir la puerta, sino cambiar la estructura. Según el mismo análisis, lograr un cambio real exige intervención en tres niveles: políticas y metas medibles de inclusión, mejores condiciones de capacitación y trabajo, y una transformación cultural capaz de desmontar estereotipos y crear referentes visibles. Eso conecta de manera directa con un problema que también hemos identificado en nuestra propia reflexión sobre el sector: la obra sigue arrastrando fallas recurrentes como información desactualizada, poca trazabilidad de cambios, rutinas débiles de QA/QC, reportes incompletos y coordinación deficiente. Cuando a esa fragilidad técnica se suma exclusión de género, el resultado no es solo injusto: también es ineficiente.
En la Academia de la Construcción asumimos el enfoque de género como un eje transversal, no como un recurso discursivo. Nuestro interés no es “hablar del tema” para cumplir con una agenda reputacional, sino generar cambios reales en la manera en que se forma, se integra y se proyecta el talento dentro de la industria. Eso implica desmitificar el rol de la mujer en construcción, borrar estereotipos sobre quién puede dirigir, supervisar, operar o ejecutar, y conectar esa transformación con estándares más altos de calidad, sostenibilidad y empleabilidad. La equidad, en este sector, no debería tratarse como un complemento, debería asumirse como una condición mínima para evolucionar.
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